Mi gusto por las jovencitasSoy un hombre normal, dentro de un orden, entrado en la cuarentena, en forma, infiel (como casi todos) y con una posición social y económica desahogada. Trabajo en el área comercial de una gran empresa y fue gracias a un encargo por motivos laborales que se me abrió un mundo de vicio y morbo y desarrollé mi afición por jóvenes y lolitas.
Me tocó organizar una convención de directivos de la empresa, nuestra propuesta pareció gustar a
Vacaciones de celosComo todos los años, en el mes de Enero, mi esposa Cris y yo comenzamos a programar las vacaciones de verano. Somos propietarios de una quincena de tiempo compartido que cada año intercambiamos a través de una empresa del ramo. En esta ocasión nuestra intención era buscar un complejo en la playa levantina española, a ser posible que tuviera un programa de animación para nuestros hijos, tanto diurno como nocturno, que nos dejara algo de lib
Sexo a la carta en la PatagoniaLos hechos que contiene esta historia tuvieron lugar en fechas aún recientes. Fue con motivo de una visita que hice a mis parientes lejanos de Argentina. Además del encuentro familiar, mi viaje a tan larga distancia era para aprovecharlo y hacer algo de turismo por aquellas tierras. Después de una semana disfrutando de los principales atractivos y de recorrer los barrios más interesantes de Buenos Aires, decidí que los días que aún me rest
Regalo de cumpleañosSalgo del cuarto de baño casi sin secarme, desnuda y con los pies descalzos, a sabiendas de que voy a tropezarme con Joan en el pasillo, como así sucede. Finjo estar sorprendida por su presencia, él en cambio, me mira realmente sorprendido, sin por ello evitar que sus ojos me recorran de pies a cabeza.
Con toda calma, como si fuera la situación mas normal del mundo, le hablo.
Hola Joan, no sabía que estuvieran en casa…
Durante uno
La debacle de las vírgenesHacía más de dos años que la vieja cochera del padre de Antonio, alias el «Quisquillas», habíase convertido en el centro obligado de reunión de toda la pandilla en domingos y demás fiestas de guardar. No es que el local se prestase mucho a ello; pero, a falta de cosa mejor, cumplía bien su cometido y allí se celebraban sus particulares guateques, en los que se comía más con los ojos que con la boca y se bebía más saliva que otra cos